El Friso de los arqueros en Susa

El Friso de los arqueros en Susa

Instalados en Mesopotamia, los aqueménidas recibieron la influencia de sus predecesores asirios y su gusto por la decoración majestuosa. Éstos utilizaron la piedra en arquitectura y en las esculturas de la sala del trono, si bien en Susa y en Elam, concretamente, el ladrillo continuó desempeñando un papel fundamental. Se acentuó, pues, el convencionalismo en la representación del poderío y la grandeza, plasmando actitudes siempre idénticas y una solemnidad rígida e inmóvil. Una muestra de lo dicho es el Friso de los arqueros de Susa. Realizado en vivos colores, evoca a los guardias del Gran Rey, a los «Inmortales». Esta rica decoración, que tanto sorprendió a los griegos, pone de manifiesto de forma clara y rotunda el
parentesco del arte aqueménida con el asirio-babilónico. Pero, a pesar de las armas, la impresión de orden solemne, que emana de estas figuras repetidas que desfilan, impone (sea cual fuere su valor de protección mágica) la idea de un gusto del color por el color, dentro de la tradición mesopotámica del relieve esmaltado. En la rica gama de colores utilizados, sin embargo, falta el rojo. En aquella época dicha tonalidad no existía en los esmaltes vitrificados. Hay que destacar que el único factor de diversidad plástica que se observa es la diferencia en los motivos que adornan las túnicas, detalle mínimo en el conjunto, ya que cada figura mide metro y medio, aproximadamente. Sobresale, también, el realismo de los pliegues del ropaje de los arqueros.

Bajorrelieve de Darío I (Tesorería de Persépolis, Irán)
Bajorrelieve de Darío I (Tesorería de Persépolis, Irán)