La arquitectura funeraria en Mesopotamia

La arquitectura funeraria en Mesopotamia
La tumba de la reina Shubad En Mesopotamia las construcciones funerarias no se prodigaron, pues los enterramientos se hacían en el suelo de las casas particulares, con la intención de que los espíritus de los difuntos tuvieran un lugar de descanso. La morada de los muertos no fue objeto de especial atención ya que la consideraban el paraje sombrío, en el que se desataban las fuerzas hostiles. Las necrópolis estaban dentro de los muros de las ciudades y las tumbas eran sencillas fosas subterráneas abovedadas. Las primeras datan de los milenios V y IV a.C. Se hallaron en el norte, en la localidad de Tepe Gaura, y se caracterizaban por tener una cámara y estar orientadas en dirección noroeste. Durante el primer período dinástico de Sumer, en el III milenio a.C., se erigieron las primeras tumbas reales, testimonio de una sociedad jerarquizada.
Son pequeñas celdas abovedadas de ladrillo, excavadas bajo tierra, en las que se incluye un ajuar funerario formado por carros de combate y otros objetos suntuosos. Los difuntos se introducen en sarcófagos de mimbre o madera. Durante el período dinástico primitivo, hacia el año 2350 a.C., se construye una necrópolis en la ciudad de Ur que contiene alrededor de unas mil ochocientas tumbas. De ellas, al menos una veintena, son tumbas suntuosas con ajuar funerario. El cementerio de Ur adopta la forma de una casa subterránea con corredor, que deja paso a una cámara sepulcral situada en el fondo y cubierta por una falsa bóveda, construida por aproximación de hiladas de ladrillo.