La arquitectura persa

La arquitectura persa
El urbanismo: la ciudad de Persépolis
La columna en el arte aqueménida
El arte funerario Los restos más importantes de la arquitectura persa se encuentran en las ciudades de Pasargada, Persépolis y Susa. Durante el reinado de Darío I se definió plenamente el tipo constructivo que caracterizaría este arte. Se emplearon como materiales básicos la madera, la piedra y el ladrillo. En el arte aqueménida el palacio era el edificio más importante. Éste consistía en el emblema del poder áulico y era una síntesis formal de diferentes elementos mesopotámicos, egipcios y griegos. Se construía sobre plataformas que se articulaban en terrazas de diferentes alturas. Su perímetro exterior tenía un recinto amurallado con almenas. La puerta monumental se hallaba custodiada por monstruos androcéfalos de piedra. Los diferentes niveles se comunicaban por escalinatas monumentales, con paramentos cubiertos de bajorrelieves. Dentro del recinto había diversas construcciones, entre ellas, la residencia real, propiamente dicha, y la sala de audiencias o apadana, el edificio más original y característico del arte aqueménida. Ésta se trata, en realidad, de una sala hipóstila, destinada a las recepciones reales, con numerosas columnas que soportan una techumbre arquitrabada de vigas de madera.
En la localidad de Pasargada se conservan los restos del conjunto palaciego de Ciro II. Son edificios aislados, que no llegan a formar un grupo unificado. Esta falta de estructura debe relacionarse con el hecho de que este palacio tiene su origen en el tradicional campamento nómada. Entre ellos se encuentra la sala de audiencias de planta rectangular, con pórticos en sus cuatro lados, y el palacio residencial, también con dos pórticos. En ambos casos las columnas son de madera, revestidas de escayola policromada.