La construcción de zigurats o el vínculo con lo sagrado en Mesopotamia
La evolución arquitectónica del zigurat
El significado de los zigurats
La evolución formal del templo está determinada por dos cambios fundamentales que afectan, por una parte a su función, pues el templo deja de ser el gran almacén de cosechas, y por otra, al espacio interior. Así, poco a poco, fueron realzándose las masas externas de los edificios, que presentaban gruesos muros reforzados por enormes pilastras. En un principio, junto a los templos propiamente dichos, aparecía una torre con diferentes pisos, pero, desde fines del IV milenio a.C., son los templos los que se alzan sobre terrazas artificiales incorporándose a la torre. A partir del III milenio a.C., estas torres, llamadas zigurats, se convierten en la parte fundamental del templo, al situarse dentro del mismo recinto amurallado. Sus dimensiones monumentales y una tipología bien definida se fijan alrededor del II milenio a.C. El aspecto de los zigurats es el de una enorme masa formada por terrazas escalonadas que sirven de base al templo, situado en la zona superior. El escalonamiento de las terrazas crea un ritmo decreciente y continuo. El zigurat, dedicado a los dioses como residencia y lugar donde se depositan las ofrendas a la divinidad,
recuerda un gran altar elevado. Es la construcción que concreta el anhelo de establecer un vínculo con lo sagrado. Esta estructura se integra en las ciudades, pese a estar separada de éstas por un recinto amurallado. Forma parte de su vida cotidiana, sobresaliendo por encima del resto de las edificaciones. Sus escaleras o rampas de acceso permiten llegar hasta la cúspide, donde lo humano intenta contactar con las fuerzas divinas. La adopción del zigurat supone el abandono definitivo del santuario concebido como espacio interior cerrado. El espacio individual y directo que había entre la divinidad y el pueblo, se va separando progresivamente. Los individuos acatan la representación sacerdotal para entablar relaciones con los dioses. El zigurat se convirtió en el monumento central del culto mesopotámico a lo largo de toda su historia. Pese a la variedad de poblaciones que se instalaron en la zona: sumerios, acadios, casitas, babilonios, asirios, etc., todos ellos consideraron los zigurats edificios dignos de respeto y de profunda admiración.











