La escultura en Sumer y Acad
En las piezas procedentes del Templo de Tell Asmar, conservadas en el Museo de Irak y en la Universidad de Chicago, se acentúan los volúmenes inscritos en cilindros o triángulos, como en las faldas, que son conos lisos, o los torsos, semejantes a triángulos, con antebrazos también cónicos. Incluso los rasgos de la cabeza (nariz, boca, orejas y pelo) se reducen a formas triangulares. El estilo de los talleres de Mari se caracteriza por describir los pormenores de la figura con un tratamiento que recuerda las delicadas incisiones sobre la arcilla blanda y por la creación de unos volúmenes dúctiles. Este efecto plástico se consigue mediante el cincelado de los detalles. De este modo, el rostro plasma unos labios sonrientes y el mentón está diferenciado. Muestras representativas son los retratos del intendente Ebih-il o del rey Lugal-Kisalse, ambos en el Museo del Louvre (París), personajes orantes con barba y una actitud beatífica complaciente. Todos los detalles se describen a la perfección, sobre todo en la indumentaria, que consiste en unos faldones de lana de cordero con los vellones, cincelados de uno en uno, o los mechones de la barba incisos con las
puntas rizadas primorosamente. Los brazos están moldeados suavemente, insinuando la musculatura. En general, las formas han perdido dureza y muestran una clara tendencia hacia la redondez. Durante el período acadio se produce un cambio de orientación en el arte ya que el interés se centra en reafirmar la monarquía más que en manifestar devoción hacia las divinidades. No obstante, se mantuvieron las tradiciones sumerias, pero han quedado escasas muestras y no se pueden establecer demasiadas comparaciones. Una cabeza de bronce, procedente de Nínive (Museo de Irak, Bagdad), plasma la nueva utilidad de la producción artística y la calidad que alcanzaron los orfebres acadios. Esta cabeza de bronce representa un monarca con los característicos rasgos semíticos (larga barba rizada y pelo recogido en un moño). Se trata de un verdadero retrato en el que se han abandonado las geometrías sumerias para reflejar con detalle las características del rostro: nariz aguileña, labios perfectamente perfilados y ojos inscritos en la órbita ocular. La barba está también descrita con minuciosidad en cada uno de los rizos cortos y largos que la componen, al igual que ocurre en el trenzado del pelo.
Perspectiva frontal del intendente Ebih-il (Museo del Louvre, París)
Perspectiva lateral del intendente Ebih-il (Museo del Louvre, París)











