La religión en la antigua Mesopotamia
Como cualquier cultura agrícola, dependiente de la tierra y de las lluvias para la irrigación de los cultivos, en Mesopotamia los fenómenos naturales se consideraron obra de las divinidades. Así se forjó la idea de que los dioses vivían en el cielo y enviaban el agua benefactora cuando los hombres cumplían sus obligaciones rituales. Para conocer los cambios estacionales, tan necesarios en agricultura, los mesopotámicos se interesaron por los datos astrológicos, que pronto adquirieron gran importancia y dieron lugar al culto
astral. Alrededor de la noche se creó el calendario lunar, que servía para medir el tiempo. Progresivamente, las divinidades adoptaron forma humana y se agruparon en panteones, aunque siempre estuvieron relacionadas con la naturaleza. Existían numerosos dioses, pues cada ciudad se vinculaba a una divinidad concreta. A cada uno de estos dioses se ofrecían plegarias y sacrificios para agradecerle su intersección y también por su protección frente a espíritus malignos. Los dioses de cada población se agrupaban en torno a un panteón, que adquiría mayor relevancia según la ciudad que gobernase. Cada persona tenía además sus propias divinidades protectoras. Los sumerios adoptaron, de este modo, tres dioses principales: Anu (el cielo), Enlil (la tierra) y Ea (el agua). En esta cosmogonía, Anu derrotó al caos que adoptaba la forma de la terrible diosa Tianmat y conformó el universo. Anu tenía mayor importancia que otros dioses y Tianmat simbolizaba la guerra y la destrucción; Inanna era la diosa de los frutos y de los almacenes, repletos de cosechas. En la ciudad de Nippur estuvo el santuario de Enlil, que conservó el carácter de dios unificador en toda la región de Mesopotamia. Tras el dominio acadio se incorporaron otros dioses al panteón: Sin (la Luna), Shamash (el Sol) e Ishtar (Venus o el amor). Bajo el dominio babilónico, el dios Marduk fue el más importante y la cosmogonía se modificó para
que fuese este dios el que venciese a Tianmat y se convirtiese en el héroe del mito. En el norte, Asiria conservó a Assur como dios local y lo impuso durante su dominio al resto de la zona.











