La representación de animales y seres híbridos en el arte mesopotámico

La representación de animales y seres híbridos en el arte mesopotámico

Desde época protodinástica son muy frecuentes las representaciones zoomorfas. Estas esculturas no estaban limitadas por una convención estricta como en las figuras humanas. La representación animal es más fiel a la naturaleza y goza de una libertad expresiva que contrasta con las figuras humanas. En las esculturas de animales no se pretende que la representación sustituya a la realidad. Se puede, por lo tanto, llegar a plasmar lo anecdótico o captar un instante concreto, en definitiva, un cierto dinamismo o expresión de movimiento.
Se creó también un bestiario poblado de seres imaginarios sin ninguna relación con la realidad. Todas las representaciones que tienen que ver con lo sobrenatural reproducen formas monstruosas y fantásticas, que mixturan rasgos humanos y animales: el resultado es una figura híbrida. El aspecto de ser irreal se consigue asociando elementos heterogéneos, como se expresa en numerosas esculturas del III milenio a.C., que representan bovinos recostados con barbas y cabelleras humanas y la cabeza girada hacia el espectador. La representación de seres fantásticos se ha interpretado en relación con la necesidad humana de apropiarse de atributos animales, a fin de establecer comunicación con los poderes de la naturaleza. Esta tradición, original de Mesopotamia, se transmitió a Egipto y también al Mediterráneo Oriental, perpetuándose hasta el arte medieval europeo. Estas figuras suelen presentar dos tipologías concretas. Pueden combinar rasgos de diferentes animales, el resultado es un ser compuesto, en el que la acumulación de atributos animales simboliza el máximo poder. Este tipo de figuras se utiliza por tanto en la representación de divinidades. Entre ellos es importante el águila con cabeza de leona (diosa Imdugud, que simboliza el destino), como muestra un relieve en bronce del Museo Británico de Londres (III milenio a.C.), en el que la diosa (la figura central) sujeta con sus garras dos ciervos.
El otro tipo de combinación híbrida se elabora a partir de un animal con rasgos humanos, como el «hombre-pez», el «hombre-escorpión» o el «hombre-toro». Estas esculturas simbolizan espíritus protectores, guardianes del hombre frente a lo maligno. Sus realizaciones más espectaculares se dispusieron en las puertas de los palacios asirios, en altorrelieves de piedra.