La visión mesopotámica del mundo: la lucha entre el bien y el mal

La visión mesopotámica del mundo: la lucha entre el bien y el mal

El hombre mesopotámico sentía su vida constantemente amenazada por la inestabilidad de los fenómenos naturales, así como por la incursión de otros pueblos vecinos. Para él, el mundo consistía en una lucha entre fuerzas contrarias, una batalla a muerte en la que triunfaba el mal o el bien, creando un desequilibrio permanente. Incluso los dioses participaban al mismo tiempo de una doble naturaleza terrorífica y benefactora. Las escenas de lucha entre leones, toros u otros animales fantásticos, tan habituales en el arte mesopotámico, podrían pues simbolizar las fuerzas de las deidades en lucha. Esta filosofía dualista está detalladamente expuesta en la célebre Epopeya de Gilgamesh. El destino de los hombres era trágico e inevitable y sólo los dioses podían ayudarles a aliviar el sufrimiento. Los mesopotámicos trataron de adelantarse a su propio sino estudiando en las estrellas el designio de las divinidades. El cielo era el mapa donde cada uno de los humanos tenía la huella indeleble del destino. Prestaron por lo tanto al cielo suma atención.
El rey Asurnasirpal en una cacería de leones, relieve procedente del palacio de Nimrud (Museo Británico de Londres)