Las primeras manifestaciones artísticas en Mesopotamia

Las primeras manifestaciones artísticas en Mesopotamia

Las primeras manifestaciones artísticas de Mesopotamia se encuentran en la pintura, aplicada a la decoración de la cerámica hecha a mano. El posterior desarrollo de la cerámica a lo largo del IV milenio a.C., relaciona el norte con el sudeste de Mesopotamia. Aparece, así, el llamado «estilo Susa», con exquisita ornamentación de formas estilizadas vegetales y también animales de color rojo o marrón, enmarcadas en estructuras geométricas, sobre fondos claros. En la zona meridional, en la localidad de Uruk, tuvo lugar la revolución urbana, al transformarse algunos poblados dispersos en pequeñas ciudades, que presentaban ya una cierta organización urbanística. Se incorporaron nuevas técnicas como el torno para la cerámica y el uso de la metalurgia. Se construyeron también los primeros templos con basamentos reforzados por piedra caliza y muros decorados con incrustaciones de conos de arcilla en rojo y negro, formando dibujos geométricos. A comienzos del III milenio a.C., la introducción de la piedra en la escultura puso de manifiesto nuevos medios de expresión. El rostro humano aparece modelado por primera vez en la Dama de Warka (Museo de Irak, Bagdad), estatua que personifica la intercesión hacia la divinidad y contiene rasgos geométricos que se codificarían, posteriormente, en escultura. El último período protohistórico, representado en Jemdest Nasr, quedó definido por el estilo de los sellos cilíndricos que mostraban una abigarrada
ornamentación vegetal que completaba las series animales. Los signos ideográficos, grabados sobre tablillas de arcilla blanda, adquirieron pronto valor fonético, lo que dio paso al nacimiento de la escritura y a la entrada de Mesopotamia en la historia, entre los milenios IV y III a.C.