Los fenicios: un pueblo de comerciantes

Los fenicios: un pueblo de comerciantes
Expertos navegantes Los fenicios eran tribus semitas que se instalaron en la franja costera del Mediterráneo Oriental, entre Siria y el Líbano, hacia el III milenio a.C., y que estaban organizadas en pequeñas ciudades. Nunca existió un estado fenicio unificado, sino ciudades-estado que rivalizaron entre sí por el monopolio comercial. Eran pueblos comerciantes y marineros cuya situación estratégica les permitió afianzar una economía textil y metalúrgica que exportaron hasta las costas del Mediterráneo Occidental. A fines del II milenio a.C., momento de máxima presión indoeuropea, las urbes fenicias adquirieron verdadera entidad propia y sus ciudades independientes, como Biblos, Sidón, Tiro y Ugarit, se convirtieron en importantes emporios comerciales. De ahí, que el arte, en directa relación con sus intereses comerciales, muestre un obvio eclecticismo. La cultura fenicia fue un fiel reflejo de esta vocación cosmopolita, asimiladora de las más variopintas influencias. Su religión, de base cananea (bien documentada por los textos de Ugarit), asumió muchos elementos egipcios y mesopotámicos (atributos divinos, cultos, costumbres -como el uso
de sarcófagos-, arquitectura religiosa y funeraria). En su panteón destacaron El, dios supremo; Astarté, diosa madre de la fecundidad; y Melqart, el dios comercial de Tiro. La aportación fenicia decisiva fue el alfabeto de 22 consonantes. La escritura, fijada hacia el siglo X a.C., fue propagada por el proceso de «colonización comercial» que llevaron a cabo, influyendo también en la escritura griega. Los fenicios, originalmente agricultores y ganaderos, desarrollaron pronto una activa industria, basada en recursos propios o en materias primas importadas (metales, marfil). Comerciaron con la madera de cedro y abeto de sus bosques y con los productos manufacturados en sus propias factorías: bellos tejidos teñidos de púrpura, vasos metálicos, joyería, cerámica funcional (lámparas, ánforas y vasos de barniz rojo, figuritas), objetos de vidrio, marfil o hueso y sellos. Crearon también una amplia red de exportación-importación, que abarcó Mesopotamia, Egipto, Siria, Palestina, África, Arabia e incluso la India, y que luego se amplio a todo el ámbito mediterráneo. Se convirtieron, así mismo, en intermediarios mercantiles de los productos de otros países, además de los propios. Algunas de sus ciudades acuñaron moneda desde el siglo V a.C.