Rígidas indumentarias y ausencia de anatomía
El arte mesopotámico se forjó bajo conceptos que no buscaban un ideal de belleza en el cuerpo humano, pese a que las formas respondían a un cierto canon. En Mesopotamia, el cuerpo humano no se representaba desnudo, excepto durante el
período protodinástico, en el que la desnudez era condición indispensable para presentarse ante los dioses. Después no hubo ninguna intención de profundizar en la representación plástica del cuerpo. Además, tampoco se realizaron estudios anatómicos. Se intentó, por lo tanto, plasmar la belleza a través de los volúmenes, a diferencia de Egipto que expresó la eternidad y la belleza a través de las formas. En Mesopotamia, la tendencia era ocultar el cuerpo bajo rígidas indumentarias. Así, las figuras aparecían ataviadas con largos faldones de lana o túnicas, que se adaptaban al esquema geométrico, acentuando la silueta cilíndrica. En las primeras dinastías y en el período de Gudea, las estatuas tenían los brazos descubiertos, e incluso en muchas ocasiones el torso. Más tarde, en el período asirio, los cuerpos quedaron totalmente ocultos por vestidos, que anulaban cualquier insinuación anatómica. La excepción en el uso de estas convenciones se produce en esculturas de cobre (mediados del II milenio a.C.), que servían de pedestal para las ofrendas. En ellas, la figura se libera del bloque geométrico y del pesado ropaje para representarse desnuda en composiciones escultóricas realizadas con una factura más libre y audaz.
Escultura de la cantante Ur Nina (Museo Nacional de Damasco, Siria)
Grupo escultórico votivo de una pareja sumeria (Museo de Irak, Bagdad)
El adorante de Larsa. Mesopotamia











